Las buenas prácticas para incorporar la inteligencia artificial en los centros educativos corren el riesgo de no consolidarse si no se extienden al entorno familiar, advirtieron expertos en la presentación del Anuario de Educación 2026 en Baleares. La idea central la formuló Bartomeu Castell, uno de los autores de los monográficos sobre retos y usos de la IA en el sistema educativo balear, que expuso el dilema entre oportunidad y riesgo que plantea esta tecnología.
En el acto se explicó que la comunidad educativa muestra posturas polarizadas: hay quienes defienden aprovechar las posibilidades formativas de la IA generativa y quienes alertan sobre sus efectos cuando se usa sin control. En este contexto, los autores del anuario sostienen que la IA ha dejado de ser un fenómeno pasajero y se ha convertido en un eje transformador del ecosistema educativo, pero que su impacto dependerá de cómo se gestione dentro y fuera del aula.
"Cuando los alumnos interactúan con una IA que les obliga a pensar tienden a optar por otras tecnologías más genéricas (como ChatGPT, Claude o Gemini) para que les haga el trabajo directamente", dijo Bartomeu Castell en la presentación del anuario.
Según Castell, el principal problema no reside en el uso de herramientas en los centros —donde, afirmó, no se está produciendo un mal uso generalizado—, sino en la falta de continuidad entre las normas y controles que aplican los equipos educativos y los que ejercen las familias en el hogar. Por ello, los autores plantean que las familias deben supervisar que el alumnado utilice las herramientas diseñadas por el centro, destinadas a fomentar el aprendizaje, en lugar de recurrir a servicios externos que pueden servir para eludir el esfuerzo académico.
Propuesta curricular por cursos
El modelo que defiende el monográfico presentado en Baleares plantea una introducción escalonada de la IA en la ESO. Entre las recomendaciones citadas por Castell figuran:
- Limitar el uso de pantallas y de herramientas de IA en 1.º y 2.º de la ESO para consolidar una base de conocimiento y habilidades básicas.
- Comenzar a introducir herramientas de IA en 3.º y 4.º de la ESO, cuando el alumnado dispone ya de mayores recursos para ejercer pensamiento crítico y verificar información.
- Enseñar en los centros a pensar, crear, verificar y aprender en un ecosistema en el que las tecnologías generativas forman parte de la experiencia cultural del alumnado.
El anuario subraya que la tarea educativa no puede limitarse a prohibir o permitir herramientas: debe centrarse en dotar al alumnado de criterios para evaluar resultados, detectar errores y comprobar fuentes. Ese enfoque obliga a coordinar el trabajo docente con la supervisión familiar para evitar que el uso de la IA fuera del centro anule los objetivos pedagógicos perseguidos en el aula.
Los autores, además, señalan que el debate sobre la IA en educación es más amplio que la elección de herramientas concretas: implica revisar qué se enseña y cómo se evalúa. Enseñar a razonar, a contrastar fuentes y a aplicar conocimientos en contextos reales es, según el anuario, la mejor defensa frente a los riesgos de una dependencia indebida de sistemas que pueden ofrecer respuestas aparentes sin un proceso de comprensión.
La presentación del Anuario de Educación 2026 en Baleares sitúa así en primer plano la necesidad de políticas escolares y familiares coherentes: sin esa coordinación, advierten los autores, las iniciativas de innovación con IA pueden quedarse en buenas prácticas aisladas que no transformen de forma efectiva el aprendizaje.